Este espacio fue creado con la intención de aportar al desarrollo de la teoría crítica, de exigir el compromiso y la transformación de la sociedad a la que pertenecemos.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Quién acalló a nuestra Argentina

Estamos viviendo una época de absoluto silencio y conformismo en todas las facetas de nuestra sociedad.
Silencio muchas veces producto de nuestro “estado de bienestar”; comodidad, beneficios materiales, televisión basura, estómagos llenos, buena ropa y demás comportamientos derivados de nuestro consumismo animal, eso si!, esto se reduce solo a una pequeña parte de la sociedad. Mientras que el resto, o acaso se debería decir la mayor parte de nuestra población, que nunca ha conocido el “estado de bienestar”, se encuentre sumida en un profundo silencio y estado casi vegetativo producto tal vez de la devastación de la educación, beneficiosa para un pequeño sector centralizador del poder.

Pero… cuando se convirtió nuestra Argentina en este títere sin cabeza manipulado por las cuerdas del poder económico, dejando el verdadero bienestar de la sociedad de lado?

Como todos sabemos, no hay nada más fácil que manejar a una población sin sentido de crítica y mucho menos pensamiento individual. Y como hacemos para que dejen de cuestionarse nuestro “ejemplar modelo de país”? Y muy fácil, dirían algunos, las ideas se matan, matando a sus portadores…Y donde se podría aprender esto sino en la Escuela de las Américas, elemento esencial de la estrategia norteamericana para el control social y económico en el Tercer mundo.

Periodista: Vos me hablaste de unos cursos de interrogatorio… ¿Qué les enseñan? ¿Qué técnicas de interrogatorio?
González: Cosas prácticas. Te aplastan los dedos, te meten palos de fósforos debajo de las uñas…
Periodista: O sea, ¡a ustedes también los torturaban?
González: Claro. Ellos mismos, los instructores. Nos preguntaban por el nombre… “¿Cómo te llamas?” “Matrícula de guerra… qué sé yo… 36-5046, tercera división”. Nada más, eso no más había que decir. Te preguntaban qué andabas haciendo por ahí… Te enseñan coartadas, uno dice, andaba paseando, andaba jugando fútbol… Entonces se empecinaban, te quemaban con cigarrillos.
Periodista: ¿Ellos mismos, a su propia gente, la quemaban?
González: Claro. En el estómago, en la zona genital… Eso es muy doloroso. Y nos metían fósforos debajo de las uñas. Bueno, mucha gente hablaba. Otros no. Te pegaban… O sea, querían conseguir que tú no hablaras. Te diré que lo conseguían. La gran mayoría de la compañía no hablaba.
Periodista: ¿Y a ti te torturaron?
González: Sí.
Periodista: ¿Cuántas veces?
González: Como tres o cuatro veces (…)
Periodista: ¿Estas eran las clases del teniente Labbé? ¿El les enseñaba a torturar también?
González: Claro. Eso se llamaba “Métodos de interrogatorio” (…)
Periodista: A ustedes, sus alumnos, ¿él los torturaba?
González: Claro. No sólo él, sino también los oficiales y las clases; había varios instructores. Nos tomaban, nos colgaban de los dedos con una lienza. Nos decían: cuando hay un tipo rebelde y no quiere hablar, no se puede perder el tiempo golpeándolo sistemáticamente. Hay que dejarlo que sufra bastante tiempo, y piense sufriendo. ¿Entonces, cuál es el método? Si tú lo cuelgas con una lienza de esas bien delgadas, lo tomas por la coyuntura de los dedos y lo haces empinarse en la punta de los pies y haces que la lienza no le dé tiempo de volver a apoyarse en los talones, y lo cuelgas desde el techo, desde una viga… Bueno, el tipo queda colgado por la punta de los dedos. Se le adormecen los dedos, se le detendrá la sangre, y sufre grandes dolores. A la vez, lo que tú le estás haciendo no es fuerte, no es para matarlo. Al tipo, bueno, no le quedan más que dos cosas: pensar y sufrir. Buscar cuál es el camino para que se corte la lienza, tiene que hablar.
Periodista: Esa es una forma de tortura. ¿Qué más les enseñaban?
González. Desnudarlo y hacerlo correr sobre las piedras, entre las espinas, sin zapatos. Amenazarlo con cigarrillos encendidos, en las mejillas, cerca de los ojos, en la boca, cerca de los labios… Acercárselos lo más que se pueda, que sienta el calor, que se quema la piel, pero sin aplicarle el cigarrillo.
Periodista: Porque eso deja marcas…
González: Si. Nos enseñaban que había que acercar la braza lo más posible, que se queme la carne, pero sin que se apague el cigarro. Acercárselo a las tetillas, a los testículos, apretarle las tetillas…
Periodista: ¿A las mujeres también?
González: Mira, de las mujeres nos hablaban… que para las mujeres había sistemas diferentes. Que cuando una mujer era guerrillera, eran muy peligrosa: en eso insistían mucho, que las mujeres eran extremadamente peligrosas. Siempre eran apasionadas y prostitutas, y buscaban hombres… y por esa razón estaban en la guerrilla, para tener hombres. Entonces, lo mejor era ubicar a la persona que ella más quiera, su hombre o sus hijos, y pegarles, torturarlos delante de ella. Que ése era muy buen método. Que eso siempre daba buenos resultados.
Periodista: Fuera del curso de supervivencia, de paracaidismo, de interrogatorio, ¿qué otros cursos hacían?
González: Inteligencia.
Periodista: ¿Y cómo es eso de la inteligencia?
González: Inteligencia militar… A nosotros nos entregaban esa instrucción hasta cierto nivel, no más; obviamente, no nos enseñaban todo (…) Pero la inteligencia militar estaba basada en dos cosas: no entregar información y recibir información. Esto último es mediante el interrogatorio. O sea, capturar un tipo sin que se enteren los otros, interrogarlos, matarlo, eliminarlo, enterrarlo, ¿entendés? O sea, interrogarlo mientras pueda hablar, y una vez que el tipo se muere, hacerlo desaparecer para que los rojos no se enteren que hemos captado información. Eso es inteligencia militar.”

Es esta degradación penosa la que permite afirmar que las fuerzas armadas latinoamericanas se han “desnacionalizado”. Sus objetivos fundamentales dejaron de ser la seguridad de las fronteras y la protección de la soberanía de cada Estado, para integrarse en un sistema militar destinado a perpetuar la dominación del capital extranjero. En un grado o en otro han dejado de ser expresión de la independencia de aquellas naciones, para transformarse en agentes de su esclavitud económica, política y social.

El conocimiento es nuestra única arma contra aquellos que intenten manipularnos a través de la construcción de un escenario que dista mucho de nuestra realidad, ser concientes de que existen quienes prefieren que no pensemos con claridad es un paso para la construcción de un mejor porvenir.
Saber es poder, es poder defender nuestros derechos, es poder cambiar para mejor, es poder crecer como ser humano y es poder transmitir los ideales que alguna vez fueron acallados en Argentina.